Mientras algunos hablan de “errores técnicos” y “plazos vencidos”, la verdad es una sola: a Carina Ivascov y la lista 1008 de Valores Republicanos les están negando un derecho constitucional.
Ella fue oficializada como candidata por la Justicia Electoral, cumpliendo cada norma y cada firma de la Carta Orgánica de su partido. Pero cuando su voz empezó a incomodar al poder, intentaron sacarla del juego.
Por eso, Carina presentó un recurso de amparo ante el juez Ramos Padilla, reclamando lo obvio: ser incluida en la Boleta Única Papel (BUP), como corresponde por ley. El juez no dio lugar. Pero lejos de rendirse, apeló ante la Cámara Nacional Electoral.
Esto ya no es un trámite: es una batalla por la transparencia electoral y la justicia republicana.
Porque cuando una mujer que representa valores, mérito y libertad es silenciada por excusas burocráticas, no es un error, es una decisión política.
Hoy, la lucha de Carina Ivascov trasciende un nombre y una lista. Representa a todos los ciudadanos que no se arrodillan ante el poder y que exigen que el voto valga lo mismo para todos.
Su reclamo no busca privilegios: busca volver a poner la ley por encima de la política.
Y si algo dejó claro esta historia, es que los papeles pueden manipularse, pero la voluntad de la gente no se borra.
La lista 1008 sigue viva. Y va a dar pelea hasta que la justicia vuelva a llamarse Justicia.
